Nuestro 20 de septiembre

La cita del 20 de septiembre…
No sé si llamarla "primera vez que te vi" o "primera vez que dejé de respirar por un segundo". Mientras caminaba hacia Fundidora, me temblaban las manos, las piernas, todo, sentía el corazón arderme en el pecho, como si cada paso me empujara a un borde invisible y cuando dijiste que ya habías llegado, supe que ya no había marcha atrás, pero la verdad… tampoco quería, algo en mí ya te estaba esperando desde antes.
Y entonces apareciste.
Dios mío, Andrés… cuando te vi, algo dentro de mí se rompió y se reconstruyó al mismo tiempo, estabas ahí, todo apenado, sin saber si saludar, sin verme directo a los ojos, y no tienes idea de cómo me marcó esa escena, fue tan tierno, tan tuyo, tan… inevitable. Caminábamos sin rumbo, y tú burlándote de que vivo en Juárez como si no supieras que cada chistecito tuyo me hacía sentirte más cerca, como si estuvieras tanteando el terreno para acercarte sin decirlo y mientras tú hablabas, yo sólo pensaba: "cómo puede alguien ser tan guapo, tan bobo, tan encantador y tan no sé cómo explicarlo a la vez?".
Cuando nos sentamos a comer ramen, casi pierdo la batalla, verte de frente era demasiado, no podía sostenerte la mirada porque me daba pena, pero tampoco quería que me vieras comer porque me sentía fea… pero tenía que comer… pero estabas tú ahí… Fue una lucha interna ridícula y hermosa. Era como si todo mi cuerpo se estuviera enterando, en tiempo real, de que tú ibas a ser importante para mí y luego pasó, el camino hacia Félix, el aire raro entre nosotros, esa tensión que no habíamos dicho pero ya estaba pegada a la piel… Y ese beso que me robaste, ese primer toque tuyo que me desarmó y luego el segundo, que se sintió como si ya hubiéramos estado ahí en alguna vida pasada, como si sólo estuviéramos recordando algo que nuestros cuerpos ya sabían, ese momento… ese momento no se me va a olvidar nunca.
Esa salida fue un incendio silencioso dentro de mí, todo me encantó, todo me quemó, todo me movió, pero lo que más me marcó fue que después de ese día… seguimos buscándonos, como si la historia hubiera empezado sola y nosotros sólo hubiéramos dicho que sí.