Entre nervios, risa y motel

La segunda cita fue, oficialmente, un pequeño desastre y digo "pequeño" porque aunque ALGUIEN (no diré nombres por respeto a tu dignidad) llegó dos horas tarde, de alguna manera no pude enojarme. No sé si fue porque ya iba con el corazón medio acelerado, o porque aunque esperaba y esperaba, por dentro seguía sintiendo esa emoción tonta de saber que pronto te vería, cuando al fin llegaste, con tu excusa de que te prestaron la camioneta, solo pude reírme por dentro, te ves demasiado bonito como para quedarme molesta mucho tiempo.
En las alitas todo se volvió raro e intenso al mismo tiempo, yo que siempre me pongo nerviosa, estaba ahí tratando de concentrarme en comer mientras dentro de mi cabeza solo había un pensamiento dando vueltas: quiero besarlo, aunque me diera pena, aunque sintiera mi cara ardiendo, aunque me repitiera mentalmente "compórtate", simplemente ya no podía ignorar lo que estabas provocando en mí. Cada palabra tuya, cada gesto, cada mirada que soltaste sin darte cuenta… todo eso me empujaba cada vez más hacia ti.
Y bueno, así terminó pasando, nos acercamos, nos perdimos, nos dejamos llevar y después, sin pensarlo demasiado, estábamos rumbo a esas cocheras, esos moteles que parecen hechos específicamente para convertir el nervio en fuego y ahí, contigo, algo dentro de mí se abrió en silencio, a pesar de que no me encanta mi cuerpo, contigo no sentí prisa por esconderme, no sentí angustia, no sentí miedo, sentí … libertad, eso es la palabra, libertad de mirarte, de tocarte, de sentir tu piel, de dejar que me vieras como soy sin tratar de controlar cada detalle.
Y es que Dios… es tan fácil olvidarme de mí misma cuando estoy tan ocupada viendo lo hermoso que eres, a veces me quedo tan perdida mirando tu cuerpo, tus detalles, tu piel, que se me olvida que tú también me estás viendo. JAJAJA, es ridículo, pero real, entre mis nervios, tu presencia y la manera en que te acercas, es imposible no rendirme un poquito.
Aquella cita pudo haber sido un caos desde el inicio, pero al final se volvió uno de esos momentos que marcan algo, lo que siento contigo no es casual, ni suave, ni lento, es intenso, es repentino, es como si algo de ti hubiera encajado en algo mío sin pedir permiso.
Y por más que la gente juzgue, o invente, o suponga… ese día yo entendí que entre nosotros las cosas no se dan "bien". Se dan fuerte.