Si algún día me rompo, que sea contigo

No sé muy bien cómo empezar esta carta, solo sé que necesito escribirte esto.
Hay cosas que me cuesta decir en voz alta porque cuando se trata de ti, mis palabras se llenan de emociones que me rebasan, y entre todas, la que más pesa es el miedo. No a ti, sino a lo que yo misma siento cuando estoy contigo.
Tengo miedo de entregarme por completo, de volver a amar con esa intensidad que me deja vacía si no me corresponden igual, miedo de volver a ser esa persona que lo da todo sin pensar, que se queda con las manos llenas de amor pero sin nadie que lo reciba, miedo a volver a sentirme como la tonta que ama tanto que se olvida de protegerse.
Por eso al principio contigo no pude ser totalmente yo, no porque no quisiera, sino porque tenía demasiado ruido en la cabeza. Me repetía una y otra vez que si me mostraba de más, te ibas a ir; que si me entregaba de verdad, iba a terminar sola otra vez recogiendo los pedacitos de lo que soñé, así que me contuve, disimulé mis ganas de decirte todo, y sonreí mientras escondía lo que realmente sentía.
Pero contigo las cosas se sintieron diferentes desde el principio, era raro, pero bonito, no había necesidad de aparentar nada, poco a poco fuiste desarmando cada miedo sin darte cuenta, solo con tu forma de estar, de hablarme, de hacerme reír. Y ahora, aunque todavía no sé hacia dónde va todo esto, ya no tengo miedo de sentir con intensidad, no tengo miedo de que me veas tal como soy.
Hoy quiero permitirme amarte sin medir, sin poner freno, sin pensar en si me caeré después, porque si me caigo, al menos sabré que sentí todo de verdad, que no me quedé con las ganas, que no me escondí detrás del miedo, no sé qué pasará con nosotros, pero hoy, en este momento, no quiero ser la persona que se cuida tanto que se pierde la magia.
Así que si amar con el corazón abierto me vuelve a hacer parecer tonta, que así sea.
Prefiero serlo contigo.