Entre nervios, risa y motel
La segunda cita fue, oficialmente, un pequeño desastre y digo "pequeño" porque aunque ALGUIEN (no diré nombres por respeto a tu dignidad) llegó dos horas tarde, de alguna manera no pude enojarme. No sé si fue porque ya iba con el corazón medio acelerado, o porque aunque esperaba y esperaba, por dentro seguía sintiendo esa emoción tonta de saber que...

